El DJ no es el último proveedor que se cierra: es quien sostiene las cinco horas más importantes de la noche. Elegir bien no va de precio, va de producción.
Pregunta siempre por el equipo de sonido e iluminación incluido y si es propio. Un buen DJ dimensiona el sonido al espacio y trae luz que transforma la finca, no cuatro focos de relleno.
Pide ver montajes de verdad: noches reales, momentos vivos. El portfolio honesto enseña noches que ocurrieron: pista llena, gente bailando, luz con intención.
Habla de la lectura de pista. Un profesional adapta la música en tiempo real a cómo responde tu gente; no pincha una lista cerrada de principio a fin.
Confirma el plan B: backup de equipo en directo, redundancia de música y previsión para exterior. La tranquilidad también se contrata.